Es el mes de mayo y Tudanca nos ha invitado a conocer el obrador de pastelería y ver una jornada de trabajo mientras realizan todo tipo de tartas y elaboraciones. Nos han advertido de que un sábado como hoy, repleto de comuniones y eventos, la jornada de trabajo será intensa. Nuestro objetivo es sencillo: molestar lo menos posible, comprobar cómo se realiza la pastelería artesana y, por supuesto, probar todo aquello que nos dejen.

Nos han dicho también que no es habitual que nadie pueda acceder unos minutos a sus instalaciones, y menos en jornadas de tanto trabajo. Se podría decir, sin temor a equivocarnos, que somos unos privilegiados.

¡VAMOS ALLÁ!

Lo primero que notamos nada más poner un pie en el obrador es el estupendo olor que sentimos. Huele a dulce, huele a pastelería de toda la vida. Es un olor que te abre el apetito casi sin quererlo. Lo más increíble es que los pasteleros nos dicen que ellos no huelen nada, que su cuerpo está tan acostumbrado que es como entrar en casa. No saben lo que se pierden.

Nos adentramos en el obrador y nos sorprende la velocidad con la que trabajan. Parecen las cocinas que aparecen en televisión cuando enseñan sus interioridades. Preparan decenas de tartas, cientos de pasteles y kilos de dulces en un abrir y cerrar de ojos. El teléfono no deja de sonar, apareciendo nuevos pedidos a cada rato. Las mesas de trabajo rebosan de tartas, ocupando toda la superficie para aprovechar mejor el tiempo y el espacio.

Nos fijamos en una de ellas. En cuestión de pocos minutos realizan 20 tartas de hojaldre rellenas y en su bandeja, listas para enviar. ¡Parece magia!.

Todo lo que vemos parece delicioso. Tartas de hojaldre, pasteles de todas las clases, con nata o crema, con fruta o chocolate. Todo realizado con mimo para que su presentación sea perfecta.

Os puedo asegurar que en este punto estábamos como flotando, intentando no molestar con nuestra presencia, pero mirando a todas partes y con ganas de probarlo todo. Antes de irnos, pudimos probar unas cuantas elaboraciones de todos los sabores. Una vez que habíamos visto todo lo que hacen, probarlo todo fue algo estupendo.

Me gustaría resaltar dos cosas sobre aquella jornada:

La amabilidad con que nos trataron, tratándose de un día de tanto trabajo. A pesar de trabajar a kilómetros por hora, nos intentaban explicar lo que veíamos, intentando que viéramos bien aquello que realizaban.

Y en segundo lugar, el enorme trabajo que realizan. Tartas de comuniones personalizadas con la fotografía del niño, tartas de todos los sabores y tamaños, cientos de pastelitos. Parece increíble que, en pocas horas, tantos kilos y kilos de dulces tan ricos puedan salir de ese obrador.

Gracias a Tudanca por esa experiencia. Desde hoy veremos sus pastelerías y su trabajo con unos ojos aún mejores.

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